A Ben Jonson, a Robert Herrick, y a Claude Debussy
Hoy, con mis escritas palabras quiero
perdón pedirte por el tan perdido
tiempo en vanas y malas distracciones.
Si estoy en esta tierra de pecadores,
¿qué otra cosa mi alma puede hacer sino
perdón pedirte, orar adolorida?,
Verbo encarnado, Hijo del Altísimo,
para no caer en obscuras horas,
oh, de vicios y pecados henchidas.
En mi juventud no pude oír tu Voz.
¡Jesús!, ¿por qué no pude escucharla?
¿Qué ocurrió en mis oidos? ¿Habría un
malvado velo, celoso de tu Amor
cuando yo era joven, y de Ti nadie
me hablaba? ¿Cómo iba a encontrar
recto camino si iba solo en mi andar?
Si hubiese visto el faro de tu Luz, el
rumbo de mi alma habría corregido,
como corrijo ahora mis acciones,
impulsos y tendencias que me pierden...
Mas hoy; las cosas son distintas; el
estado de mi espíritu otro es, ¡a Ti
gracias, Señor Jesucristo, mi Rabí!
En resumidas cuentas, en mi salmo
laméntome por el tiempo perdido en
bajezas malgastado, ¡tan distante
de tu Amor lejano que me esperaba! Y
tal vez Tú sabías que alguna vez yo, en
tu honor, Gloria y alabanza escribiría...
Hallelú Yah, el Hijo de Dios me escucha.
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