A Samuel Taylor Coleridge
Jesús, ¿por qué tardas en venir?
¿Qué hecho del mundo demora
tanto tu llegada salvífica?
¡Las cosas no van bien aquí...!
Las almas encarnadas continúan
exterminándose mutuamente,
y rumores de guerras circulan
entre países nuevos y repetidos;
¿recuerdas dijiste a tus discípulos,
una noche, que llegarían* en tiempos
de necesaria, obscura tribulación?
Tus proféticas palabras, inscriptas en
la Eternidad inalterable, se cumplen,
¡Rabí!; la naturaleza está sufriendo
mucho las causadas deformaciones
por el pisoteo del hombre, siempre
egoísta, que la deturpa y explota
para sus lujos sostener; a Mammón
sigue, rinde culto, sonríe y aplaude.
Las aguas de los vivos océanos alcanzan
ciertos vulnerables continentes,
y sus enardecidas olas inundan
poblados y se llevan vehículos
en los que sus conductores perecen,
pobres animales ahogan y arruinan casas.
Todos los días hay bosques incendiados;
el plástico mata infinidad de especies.
Tifones, incendios, inundaciones,
calcinantes temperaturas, crisis del medio
ambiente, calentamiento global. Extrañas
luces y formas surcan los cielos asombrando
los ojos de los pocos seres que los miran.
Huracanes, ciclones. ¿Qué es axiología?
Odio, violencia, hambruna... no creen en Ti.
Quieren conquistar el espacio, y no pueden
manejarse a sí mismos tus hijos pecadores.
No escucho decir: Somos del Altísimo amadores,
creo en el Mesías, creo en el Padre de Abraham,
Isaac, Jacob, creo en el Espíritu de Dios
y de Cristo, creo en la Virgen María Santa.
Yo ya no soy de este mundo, y debe mi alma
seguir batallando hasta que Tú llegues, Señor.
¡Ya sé, Tú vendrás cuando yo no peque!
* Rumores de guerra.
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