jueves, 9 de diciembre de 2021

Salmo 47

 

                                                A Henry Howard, y a Francis Beaumont



Una buena comunicación tengo

todos los días que me dice:

Sigue escribiendo, serás por el cielo

recompensado; y verás sus frutos, el

primero de los cuales es tu propia

salvación, ¡del alma bellísima hora!



¿Serás Tú, Jesús, o mi ángel guardián quien

me aconseja escribir salmos sabiendo

mi misión en este orbe debo cumplir?

Cuando las mundanas distracciones que

hacen pecar, y las presiones sufrir,

a la voluntad de uno ajenas, bajos


estados y emociones, oh, arrancan al

espíritu que ansía tranquilidad,

difícil es escribir concentrado;

aunque ¡bendita sea la tarea!

De Ti, Señor, viene el impulso manso,

con amorosa voluntad lo envías,


para redimirme, y yo percibo las

diversas señales en los números,

las cansadas horas, y en los pájaros

alegres con sus gorjeos dorados

diciéndome: No te distraigas, hijo,

estoy cerca de ti y siempre te ayudo.


Que en los malvados, duros corazones

en que odio abunda porque no creen en

Ti, Jesús bendito, ¡haya creencia en tu

Espíritu Santo, sólo así habrá paz!,

y el odio desterrado no hará enfrentar

a las almas hermanas de este mundo...


Tu cruz pesó, ciertamente, mucho más

que mis penosos trabajos; por eso

yo seguiré escribiendo en tanto justa

voluntad tuya hágase. Y fiel a Ti

soy y no me uno a ninguna mujer, nunca

¡Tu Amor alcanza, a Ti unirnos debemos!



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