A Samuel Daniel, John Webster y a Charles Saint Saens
Por razón de injusticias, a veces, la
voz alzo perjudicándome un poco,
mirando el cielo, abatido y lloroso...
Sé que Tú no quieres yo esté así, Señor,
por más que en mis reclamos haya razón.
Quieres que en mi semblante la luz brille, y
amargura no opaque con su rubor
yerto y umbrío sus mejillas cuitadas;
y quieres, Jesús, que él sonría alegre,
cante feliz con el alma, y no pene.
Alzo la voz con cerril tono cuando
las violentas interrupciones no me
dejan en paz, y meditar no puedo,
ida luz, ¿dónde está la bienandanza
ilumine mi alma alumbrar no puedo?
¡Jesucristo, perdóname!, Tú sabes
cómo cuesta tener paciencia en esta
tierra do hay poco amor, y mucho odio arde.
Además, ¿qué tienes que ver en esto?,
si el orbe cruel me hizo fuerte la voz alzar.
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