A Francis Quarles (1592-1644)
Mil veces...una y otra vez, me pregunto,
como los poetas de los salmos Tú
leías, ¿cómo será tu faz, Jesús?,
en gran parte de las horas del día;
¡oh, yo ni siquiera en sueños vislumbro!
Tus discípulos la han visto de cerca; y
vio el paralítico tu Santo Rostro
que a la piscina de Betesda llegar
no podía, en que sus aguas un Ángel
de Dios removíalas, bondadoso,
para mostrar del Altísimo Gloria,
y poder, en el Rabí delegada.
Treinta y ocho años su cuerpo pecó; y al pasar
el Hijo del hombre le preguntó: ¿ Ser
sano quieres? ¡Sí, te imploro por mi alma!
Quiero erguirme; mi cansada camilla
del ánima tomar, ¡e ir tras tus pasos!;
y aprovecho hoy es de la Virgen el día,
¡madre de Dios!, a fin de pedirle, si es
su deseo, me cuente, ¿cómo es su faz?
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