"Sabemos que si no perdonas, con razón nos destruirás”. San Agustín
Ya muévete un poco noche sabática;
mi vida corre y tu tiempo promana...
¿acaso olvidaste la noción de ritmo...?
No querrás ver cómo perece una ilusión
del alma que no quiere perder instantes.
¿Tú no ves que mis ideas se marchitan?,
el frío las cubre con su manto invernal
y sus crudos arpegios las lastiman.
Despierta a tu auriga pronto y continúa.
Debo escribir salmos que agraden a Cristo.
La lividez fría y cruda de tu tacto
amortaja los astros soñolentos que
se duermen, y me dejan de contemplar,
desdeñosos, en el cielo tan distante...
en cambio, yo no duermo y fenezco siempre
en cada instancia que grita y se repite.
!Luna: cáete ahora!, me encontrarás tú
haciendo un bien, al menos para mí, estoy, pues,
en el intento de escribir un salmo a ÉL.
!Gloria a Ti Señor Jesús en esta noche!
Tú extingues las horribles pupas de mi alma.
Tú eres la senda, vida, el pan y la verdad.
El motor inmarcesible que mueve mi
poesía que yacía en su huesa, en la
Arcadia juvenil cuando mis modelos
de beldad eran Apolo y Orfeo, no más.
Pese a los escollos y a las argucias, el
amor vibra y fluye; "evocando hojas"* estoy
en los campos Elíseos, y tu huélliga
yo sigo y veo blanco, rojo y violeta.**
* John Keats
** Pureza, amor, transmutación.
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