" Y vi la ciudad, la santa, la Jerusalén nueva, descender del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo". Ap, 21, 2
En una Epifañía interior del alma
veo a los Reyes Magos alabándote.
En el epitalamio feliz del Cielo
estará mi nombre junto al tuyo, Jesús.
Y yo soy tu epígono que desprecia estos
placeres del mundo que promueve Satán.
Con hombría de bien intento subsistir.
Simple, emocionado, entono el epinicio
luego de haber obtenido tu cosecha
que tantas veces desprecié; la valoro,
me sirve para aprender a cortar lazos
aquí, en esta tierra llena de maldades.
Epítasis, prótasis, catástrofe: la
representación gira en torno a Ti, Cristo.
En el añalejo escribí: Lo seguiré.
"El discípulo no es mejor que el maestro". *
Y desde entonces no dejo de tachar los
días en mi epacta me regalaste Tú.
Y te obsequio cantos, salmos y oraciones.
La energía buena de mi alma es para Ti.
Dirígite espíritu mío a la esfera
luminosa, Celestial, y de Amor cuyo
centro es Jesús; Él hizo este universo y este
orbe con volitiva y buena donación.
Yo tomé tu "cordón de hilo escarlata"; pues
cumplo tu voluntad, Rabí, y me renuncio.
Una social "epeira" tejió mi trampa;
pero con un inteligente soplo de
volición le arruiné su trabajo artero.
¡Que los truenos potentes de los Ángeles
derriben las murallas de Jericó!, y
que aparezcas entre las nubes, Glorioso,
escoltado por los Santos Elías y
Moisés. Toda la mística está en el Padre
Nuestro**; por ende, todos los que rezamos
somos místicos. Le veré el rostro a mi Ángel,
él me señalará desde un promontorio el
camino que conduce al vergel de Jesús.
Hijitos míos, volveré por ustedes.
Vuestro Padre les reservó una morada.
* San Mateo 10, 24
** Juan Straubinger.
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