domingo, 11 de julio de 2021

Salmo 32

                                                 " Y vi la ciudad, la santa, la Jerusalén nueva, descender del cielo de                                                          parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su                                                                  esposo". Ap, 21, 2



En una Epifañía interior del alma

veo a los Reyes Magos alabándote.

En el epitalamio feliz del Cielo

estará mi nombre junto al tuyo, Jesús.

Y yo soy tu epígono que desprecia estos

placeres del mundo que promueve Satán.

Con hombría de bien intento subsistir.

Simple, emocionado, entono el epinicio


luego de haber obtenido tu cosecha

que tantas veces desprecié; la valoro,

me sirve para aprender a cortar lazos

aquí, en esta tierra llena de maldades.

Epítasis, prótasis, catástrofe: la

representación gira en torno a Ti, Cristo.

En el añalejo escribí: Lo seguiré.

"El discípulo no es mejor que el maestro". *


Y desde entonces no dejo de tachar los

días en mi epacta me regalaste Tú.

Y te obsequio cantos, salmos y oraciones.

La energía buena de mi alma es para Ti.

Dirígite espíritu mío a la esfera

luminosa, Celestial, y de Amor cuyo

centro es Jesús; Él hizo este universo y este

orbe con volitiva y buena donación.


Yo tomé tu "cordón de hilo escarlata"; pues

cumplo tu voluntad, Rabí, y me renuncio.

Una social "epeira" tejió mi trampa;

pero con un inteligente soplo de

volición le arruiné su trabajo artero.

¡Que los truenos potentes de los Ángeles

derriben las murallas de Jericó!, y

que aparezcas entre las nubes, Glorioso,


escoltado por los Santos Elías y

Moisés. Toda la mística está en el Padre

Nuestro**; por ende, todos los que rezamos

somos místicos. Le veré el rostro a mi Ángel,

él me señalará desde un promontorio el

camino que conduce al vergel de Jesús.

Hijitos míos, volveré por ustedes.

Vuestro Padre les reservó una morada.


* San Mateo 10, 24

** Juan Straubinger.

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