viernes, 9 de julio de 2021

Salmo 30


                                                          "Hijos de hombres

                                                          ¿hasta cuándo seréis insensatos?

                                                          ¿Por qué amáis la vanidad

                                                          y buscáis lo que es mentira?" Salmo 4, 3.



Haz el intento de vibrar un minuto

en la frecuencia relajante del Amor,

y verás salir bellos pensamientos de

tu alma que dormita en densas pasiones.

Quítate ese traje tú henchido de rencor.

"El corazón estrecho de los impíos

no puede contener la grandeza de la

fe"* y sólo el Señor Rabí lo puede ablandar.


Eleva la frecuencia de Schumann y con

las ondas alfa y theta de tu finita

mente tosca coordina, en un instante

placentero y fugaz; en tu entorno habrá luz.

Vuela alto; pero pon mesura en tu vuelo,

si no quieres correr la suerte de Ícaro

que por confiar sólo en sí mismo se quemó.

Tú eres mi escudo y mi roca, Señor Jesús.


Déjame entrar en la tierra prometida

actual como a Caleb y a Josué; de un tiempo

a esta parte, Dios, yo no me he portado mal.

Pisé la sierpe Nidhug que domeñaba

el envoltorio de mi pobre espíritu,

una noche seducido por esferas....

Yo me acerqué a la fuente que custodia

Mimir,** y en tu grao espúmeo, yo encallo.


"El que de Mí come la carne y de Mí la

sangre bebe, tiene vida eterna y Yo le

resucitaré en el último día"*** . Cargó

Jesús la cruz y en ella expiró su alma por

nosotros. Por ese ingente favor yo me

aproximo, a fe que le debo bastante;

y cuando pienso en Él mi ánima se eleva

en cuya elevación dulce quiero vibrar.


"Arrepentíos, pues, convertíos, para

que se borren vuestros pecados, de modo

que vengan los tiempos del refrigerio",**** San

Pablo aconseja; por eso deja de ser

Caín impenitente e inicuo escriba. Tú

no eres Rey del mundo, lo es el Altísimo,

cuyo Hijo "apocatástasis pántoon" a este

orbe traerá en su parusía espero.



* S.Ambrosio

** W.B.Crow

*** San juan 6, 54

**** Hch. 3, 19, 20

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Salmo 56

  ¡Jesús, ay, soñé que estabas en mis brazos mortales, y tiernamente te mecía en silla como en un retiro, apartados! Me miraba, atenta, la V...