A todos los que trabajan infatigablemente con su verbo público.
"¡Vuelve al clamor de las trompetas, -ya,
entre los fuertes vientos -que te oigan!". John Keats.
Ajusta tu penacho que aún se yergue,
toma tu sable y tu adarga valerosa;
y enfréntate tú con los facinerosos
molinos, o en la arena vierte tu sangre,
presea de batalla, como gladiador
cuando se inflamen tus arterias otra vez
ante injusticias nuevas que se iteran.
¡Cual Rodrigo de Vivar rinde a Dios misas!
Mira el Cielo sin quitar de tu mano la
vaina, y al Paradisíaco Padre ayuda
pídele; no te haréis menos valeroso.
Pon tus ojos siempre en su horizonte justo
porque Él es Bueno toda vez que irradia luz,
Belleza, Bondad, que las almas atrae
hacia Sí, a esas almas lo buscan en serio.
¡Señor, Tú nunca abandonas a tus hijos!
que son rectos, y muchas horas al día
te nombran; y antes de emprender un trabajo
se tornará difícil, desde el corazón
feble te dirigen quejosos auxilios
sabiendo que obtendrán el regalo de la
fe por creer en tu Unigénito Jesús; y
buscan en las noches vislumbrar tu rostro.
"Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del Cielo". *
Olvida ese odio atávico y lucha limpio;
le agradarás al Señor; y obtendrás gloria
por haber extinguido esa grave falta
opuesta a la caridad que no sirve aquí.
Ponte tu loriga; y cumple sus Mandatos.
Reconoce en tu acervo espiritual su Voz,
que es febrífugo aliciente para el alma
en el tráfago constante de los días.
"La verdad es su palabra".** Debéis saber.
Con su Pasión Mansa conquistó Cristo por
nosotros el Espíritu Santo, a cuya
Persona de la Santísima Trinidad
no nos dirigimos; por eso en este orbe
nada marcha bien. Sed esa tea noble
ígnea que combate las sombras del Mal.
¡Dios siempre asiste a los buenos y a los justos!
* San Juan, 6, 48
** San Juan 17, 17
No hay comentarios:
Publicar un comentario