domingo, 4 de julio de 2021

Salmo 28

                                                                           "Aprended a hacer el bien, buscad lo justo,        

                                                                            poned coto al opresor." Isaías 1, 17                                    

                                 

¡Oh, Sión Celeste, Divino Encanto!, ensueño

loco de mis postreros días; Morada

que desean tus criaturas, porque allí

está el placer glorioso de estar Contigo;

los ojos de mi espíritu te empiezan a

vislumbrar entre blancos refucilos que

alumbran mi alma por las noches, mi Señor;

si Dios quiere yo estaré muy cerca de ti.


¡Omnipotente Padre que me has creado!,

aunque jamás odié yo en este mundo, sé

que la más triste y vil acción que puede hacer

un hombre es odiar; pues el alma sin amor

no vive feliz; y el odio es sentimiento

homicida incluso para el mismo que odia.

"Amáos los unos a los otros como

yo os he amado". Así yo lo haré hasta el final.


Mi Teología es la Santa Biblia. Y a fe

cierta mía, (que no permito declinar),

os digo que ella es la distracción buena

que ocupa mis noches en las que lo espero,

escuchando música, apartado de aquí.

Pues ya no me interesan más Sodoma, Gím,

Segor, Adamá y Gomorra ni su oropel

espurio que es una idolatría infernal.


¡Jesús!: me tocaste y me dijiste, "queda

limpio". A partir de esa regeneración

no dejé de seguir tus huellas que salvan.

Y mis mejillas arden por tantos golpes;

son pruebas que merezco por otras vidas.

Mi fe se va asemejando a la columna

de fuego que en las noches a la elegida

nación hebrea alumbraba y protegía.


"Se abrió el cielo y el Espíritu Santo sobre

Él descendió en figura corporal, como

una paloma, y una voz vino del cielo:

'Tú eres mi Hijo, el Amado; en Ti me recreo'". *

“De Dios soy Hijo”, en el pretorio ante Pilato

blasfemo, gritó Jesús; y por orden del

que se lavó las manos obtuvo crueles

azotes y la vil corona de espinas.


* San Lucas 3, 21, 22.

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