jueves, 1 de julio de 2021

Salmo 25

"Sólo pretendo una cosa: comenzar a
cantar lo que un día repetiré toda
la eternidad", escribió Santa Teresa
de Lisieux, y agregó: "¡Las misericordias del
Señor!” * en su libro bueno de memorias.
Primero estás Tú, y así debe ser. Yo
cierro los ojos pobres de la carne, y abro
los del espíritu, glándula pineal,

tercer ojo, para huir un poco de aquí
Nunca me desvío de la luz de Jesús.
Me duermo escuchando tu palabra, Rabí
Si en este salmo hay quiebres en la lógica, **
atribuidlos a un bienestar que me das Tú,
cuyas ideas me apresuro a verter en 
una hoja que siempre tengo preparada
a fin de recoger la inspiración de Ti.

"Pan celestial", el “pan angélico”, maná.
Esta noche otra vez mi vara exterminó
las sierpes de Jannes y Mambres malditas.
Aquí te dejo los laureles, ¡son tuyos,
Jesús mi Señor!, pues sin tus fuerzas yo no
hubiese obtenido el triunfo. Alabado Tú
seas. “La gloria de Dios le dio su luz, y
su lumbrera es el Cordero”*** que volverá.


* Santa Teresita del Niño Jesús
** El poeta se refiere a un trance en mucha menor escala y medida, salvando las distancias, desde luego, semejante al que vivió San Pedro en la transfiguración de Jesús acompañado por los santos Moisés y Elías cuando dijo, sin saber qué decía, turbado:  
"Señor, bueno es que nos quedemos aquí. Si quieres, levantaré aquí tres tiendas, una para Ti, 
una para Moisés, y otra para Elías”. Mateo 17, 4


*** Ap,  21, 23

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