Pasan las horas, y me pongo nervioso,
inquieto; ya que mi salmo no principia.
¡Señor!, Tú sabes que yo quiero escribirlo.
Entonces, ¿por qué mi alma no lo trasunta
a la materia, que desde la Eternidad
cuando aún nadie era, Tú prefijaste?
Yo lloraría si hoy yo no te escribiese
unas oraciones que a Ti te agradasen.
He escrito poesías a compañeros,
y a amigos, que el "dharma" feliz, me trajo;
a "kármicas" novias que tuve que aceptar
a fin de romper el contrato que abruma.
Olas de poemas de sangre he volcado;
mas Tú superas esas cosas. Por eso
me cuesta escribir un verso que te guste,
¡Señor Jesús que salvas, Sol de la vida!
Yo quiero cubrirme con capas de luz; y
quitarme las que tienen materia, que se
adhirieron al espíritu como justo
castigo por rebelarnos ante Ti, Dios.
Hace frío y mis dedos no reaccionan;
quizá me cueste escribir porque yo hice un mal
en la idea que toca el vulgo de este orbe
cuando uno piensa algo nos aleja de Ti.
Hay gente durmiendo en las calles y plazas,
personas sufriendo frío en los umbrales,
son mis hermanas; y aunque no me conozcan,
¡yo te imploro, Jesús Tú les lleves calor!
Sabes qué es padecerlo, tuviste cuerpo en
esta tierra a la que trajiste tu maná
salvífico que del Cielo bajó por Amor.
Tú padeciste todas las inclemencias...
El pensamiento es falible; y el corazón su
circuito rompe cuando las emociones
turbadas no encuentran eco en este mundo.
Tú conociste los azotes impíos
de tus criaturas aún no te quieren,
mi Rabí Jesús que me elegiste. Un rayo
fiel, ignífero tuyo de aquí me lleva.
Bondad Divina asísteme y llévame ya...
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