Nunca serán suficientes las obras que
en este mundo hagan tus criaturas
para redimirse y complacerte, Padre
y Rey del Altísimo Cielo; tampoco
ellas han de ser del Santo Cordero
las expectativas colmadas que espera
de sus hijos que vino a salvar en la cruz.
Tú eres el agua eterna que calma la sed
del alma perdida que se seca y muere
cuando no reconoce su finitud; y
apartada, sin fe, en las sombras, no abreva en
tu Bondad, Belleza y Luz que son perennes.
"Yo soy el Pan de vida que bajó del Cielo"*
Envidio a los Santos discípulos tuyos.
¡Habría sido lindo estar allí, Jesús,
y compartir Contigo un amanecer!
Polvo, humo, viento que pasa y ya no se oye
son nuestras vidas y obras, que no duran ni
siquiera un efímero suspiro tuyo.
Ellas no alcanzan a cubrir de tu mano
poderosa una medida de tu dedo.
Las cosas gratis que nos das, tardamos en
agradecerlas, por orgullo; mas cuando
carecen en las noches desesperantes
de dolor, miramos hacia arriba, y con los
ojos puestos en Ti las reclamamos.
En el valle de Avén actual yo combatí
como Amós el becerro de la incultura,
el lenguaje ignorante, la moral mala
que pervierte y el descreimiento en mi Dios.
"Sol de justicia, que en su alas traerá
la salvación"** final, ¡trae más luz, pronto!
Producto de nuestras flaquezas, forjamos
distracciones que nos dañan y apartan de
Ti; pero además hay otras que no responden
a nuestro libre albedrío y que sólo tu
poder puede interrumpir si lo queremos.
Yo me acerco más al Espíritu Santo,
gracias a Ti Jesús te inmolaste en la cruz.
Ya me quité el polvo y las ropas sucias.
* Juan 6, 51
** Malaquías 4, 2
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