sábado, 26 de junio de 2021

Salmo 22

“Un profeta no está sin honor sino en su

país y en su familia”. Bien dices, Jesús.

Aunque comprendo esta máxima, yo a capa y

espada, a brazo partido, a sangre y fuego

contra viento y marea habría luchado

contra los que ignoraron eras Mesías.

Eres mi ídolo, paradigma, la flama

enciende mi espíritu en la antorcha de Amor.


Hazte simple cual niño si tú en el Reino

del Padre quieres ingresar, y el ojo de

una aguja como un camello traspone.

¿Por qué a edad temprana yo no hallé la fuente

de los descendientes de David?* Ahora

mis pecados serían menos, y enorme

sería mi tranquilidad espiritual.

Libre de culpas, Tú me llevarías...


San Benito: Yo también en este mundo

como dos veces, y conozco el ayuno.

“El Padre no es mayor que el Hijo, en poder y

eternidad, grandeza, sino en razón de

que es principio del Hijo, a quien da la vida". **

Si a Cristo tú le hablas a Dios le rezas.

Préstame, Benito, tu martillo; golpes

debo dar a Pelagio y al arrianismo.


Toda espera orientada hacia la Luz tiene

su fruto bueno; y el árbol vivificante

de ese fruto es Dios, cuyo Retoño Santo

vino a fenecer en la cruz sangrante.

Un rayo blanco y de oro entró en mi ya varias

veces después de pensar en Ti, mi Jesús.

Tú eres el Amor puro que nos da vida;

si Tú te distraes ella acaba y muere.


¡Gracias, Teresa amiga, Santa de Lisieux!,

tú me inspiras; y nuestro Cristo te celebra.

Tarde o temprano, sus criaturas a sus

pies que son santísimos, de hinojos han de

caer llorosas, y pedirán su perdón.

Mi trova humilde que me cuesta escribir es

para adorarte, Señor de las alturas.

Yo soy tu sumiso siervo, dispón de mí.


* Zacarías 13, 1

** San Hilario. 

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