“Un profeta no está sin honor sino en su
país y en su familia”. Bien dices, Jesús.
Aunque comprendo esta máxima, yo a capa y
espada, a brazo partido, a sangre y fuego
contra viento y marea habría luchado
contra los que ignoraron eras Mesías.
Eres mi ídolo, paradigma, la flama
enciende mi espíritu en la antorcha de Amor.
Hazte simple cual niño si tú en el Reino
del Padre quieres ingresar, y el ojo de
una aguja como un camello traspone.
¿Por qué a edad temprana yo no hallé la fuente
de los descendientes de David?* Ahora
mis pecados serían menos, y enorme
sería mi tranquilidad espiritual.
Libre de culpas, Tú me llevarías...
San Benito: Yo también en este mundo
como dos veces, y conozco el ayuno.
“El Padre no es mayor que el Hijo, en poder y
eternidad, grandeza, sino en razón de
que es principio del Hijo, a quien da la vida". **
Si a Cristo tú le hablas a Dios le rezas.
Préstame, Benito, tu martillo; golpes
debo dar a Pelagio y al arrianismo.
Toda espera orientada hacia la Luz tiene
su fruto bueno; y el árbol vivificante
de ese fruto es Dios, cuyo Retoño Santo
vino a fenecer en la cruz sangrante.
Un rayo blanco y de oro entró en mi ya varias
veces después de pensar en Ti, mi Jesús.
Tú eres el Amor puro que nos da vida;
si Tú te distraes ella acaba y muere.
¡Gracias, Teresa amiga, Santa de Lisieux!,
tú me inspiras; y nuestro Cristo te celebra.
Tarde o temprano, sus criaturas a sus
pies que son santísimos, de hinojos han de
caer llorosas, y pedirán su perdón.
Mi trova humilde que me cuesta escribir es
para adorarte, Señor de las alturas.
Yo soy tu sumiso siervo, dispón de mí.
* Zacarías 13, 1
** San Hilario.
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