martes, 22 de junio de 2021

Salmo 18

                                                            “He criado hijos y los he engrandecido,

                                                             mas ellos se han rebelado contra Mí.

                                                            ¡Ay de ti, nación pecadora,

                                                            pueblo cargado de culpa,

                                                            raza de malvados, hijos corrompidos!" Isaías 1, 2



“La llave del conocimiento de Dios es

la Sagrada Escritura"*, que mi espíritu

necesitado de Ti, que te busca, por

las noches, lee y devora extasiado.

Nunca apostataré, Jesús, de tu Alianza.

Réprobo aquel que ignora tu voz escrita,

que no se abre a tu corazón, no te entiende.

Leyendo tu Palabra me tienes cerca. 


¡Iluminadme Santos y Ángeles de Dios,

vosotros, hijos de Luz, asistidme!:

Otra flor que adore al Altísimo debe

brotar de nuevo de mi alma contrita y ser

una ofrenda de renunciarse a uno mismo.

!Felices los que son pobres de espíritu!,

Persecución...es la señal de la bestia.

Acaba, Dios, la corrupción, la mentira.


Este mundo dominado por Belcebú,

asiste al funeral de los valores que

Sócrates defendió y, por cuya lucha la

copa de láudano hubo de apurar, santo.

Aquí, la reina de Saba no visita a

Salomón a fin de recibir saberes;

desprecia el bien, y la sabiduría que

es el temor de Dios, cumplir sus mandatos.


"¿Acaso el hombre puede nacer dos veces?".

Yo no te haría esa pregunta que el justo

Nicodemo en la intimidad de la noche

te hizo, mi Rabí; pues sé qué significa

renacer de lo alto. Como los pastores

yo te adoraría sumiso en Betlehem.

Y me figuro atravesando el desierto.

¡Piedad Dios mío, ven y salva este mundo!



Tu semilla no cayó en el abrojo que

Tú y tu primo Juan me enseñaron a segar,

cayó ella en la fecunda tierra de mi alma

seducida hace tiempo por tu Luz y Amor.

Si no tuviera la suerte de Simeón

el santo, de verte antes de egresar de esta

tierra, no me amargaría, creí en Ti.

Moriré sabiendo que mi Padre me espera.



*San Crisóstomo.

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