Padre Celestial: Concédeme el deseo
soñado de ver a un Ángel en la tierra;
quizá aún me reste otra reencarnación
vivir para merecer tu Cielo Justo.
Si me amas, adelántame mientras tanto,
de tu gloria los Siervos de Luz y de Amor.
Yo los necesitaré en este mundo
ateo me circunda con su malicia.
Bartolomé y Felipe son mis amigos;
y me acompañan desde la casa de Dios.
Ayer nomás, establecimos contacto;
y esto es un obsequio de mi Rabí Jesús.
Yo no recuerdo haber venerado nunca
el becerro despertó la ira de Moisés
cuando hubo bajado del Monte Sinaí.
Ah,"raza de víboras", arrepentíos.
"Producid frutos de arrepentimiento"*, en el
río Jordán Juan El Bautista sentenció. Y
"enderezad vuestras sendas" también él dijo
recordando a Isaías. Los apóstatas,
los fariseos casi se ahogan porque
la divina espada de Juan esgrimió: "No
creaís podéis decir dentro de vosotros"**:
Tenemos a Abrahán padre. ¡Hipócritas!
Envíame a un Ángel como a Tobías que
conozca todos los caminos me lleven
a tu Cielo; y que aquí son vedados por la
carne infernal. ¡Oh, cuesta recorrerlos sin
la bendita ayuda de espíritus de Luz!
que combaten el ateísmo y la Maldad.
Elevaré de mi alma la vibra, Señor,
sí, hasta obtener el rayo violeta...
que la cubrirá con su haz divino y la hará
ascender hacia la Luz de Amor que eres Tú.
Viviré con mis ojos en Ti hasta que mi
hora llegue en que mi cordón luminoso
(del que habló Moisés en el Pentateuco) se
corte y en mi corazón haya frío final.
Vosotros estáis confundidos, yo no soy
profeta. Tengo pecados; mas creo en Dios.
* Mateo 3,8.
** Mateo 3,8
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