viernes, 18 de junio de 2021

Salmo 16

                                                                           A Juan Straubinger



¿Por qué no pensar que el vino que mis labios

saborean no es tu sangre derramada

por el perdón de nuestros pecados, sangre

de la Alianza nueva y eterna que sellaste

junto a tus doce absortos discípulos,

por la íntima cercanía de tu Deidad?

¿Acaso no bebieron de tu vid, Noé

y los reyes santos David y Salomón?


“Yo soy la vid verdadera"* en este mundo;

y así lo creo Jesús y mi viñador.

"¡Hosanna!", clamaría con una rama

de palmera, mil veces, Hijo del hombre,

entrando en Jerusalén triunfante.

Y próximo a tu rostro como el centurión

romano, abatido y de rodillas, Cristo,

te diría: ¡No soy digno, mas sálvame!


La sinagoga de Cafarnaún oyó

bien tu verdad tajante: "La carne para

nada aprovecha”. Pues aquí la tienes, y a

fe mía que debes llevártela, Rabí.

Ha de ser para mi salvación, y Tú habrás

recuperado un rebaño que se perdió.

¡Alegría en las bodas de Caná por Ti!

por el milagro del vino en las tinajas.



"No me laves sólo los pies, lávame las

manos y la cabeza",** como San Pedro

temblando por la proximidad, dichoso,

yo te pediría hicieses eso mismo.

Caería en los guijarros como Tomás

arrepentido de la incredulidad

para decirte: "¡Señor mío y Dios mío!"***

¡Tú viniste a la tierra para salvarnos!



¿Por qué entonces yo no saltaría de la

barca a fin de ir a tu encuentro a cien metros

de la costa do Tú preparas la cena

como en el cenáculo de Emaús? "Yo

estoy en el Padre y el Padre en Mí". Lo creo, Dios.

Sóplame el Espíritu de la Verdad, el

Paráclito un día de Pentecostés,

antes de que mi alma egrese del orbe.





* Juan 15, 1

** Juan 20, 29

** Juan

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