Tómame la mano, Señor, y atráeme hacia Ti,
desde tu Cielo en donde tu Padre y el mío, guarda
una morada de inimaginable belleza,
como tu Voz dijo en tus Santas Escrituras,
¡oh, de dicha sublime y de un descanso en Él, feliz!;
que será para los justos que creemos en tu
Nombre y en tus llagas salvíficas que nos redimen
de errores heréticos que pagaste con tu cruz.
Mi espíritu está privado de tu Presencia hace
cuarenta temporalidades en este mundo.
Líbrame de este "sheol"* que es una pesadilla.
¿No ves que se cae a pedazos y se corrompe?
Bajo la higuera como Natanael, te espero
con llanto en los ojos, te busco, te sigo, Señor.
Y ya me puse el "traje nupcial" para asistir al
"banquete de tus bodas" en el que veré tu faz.
Cuando mi alma esté en tus brazos bien acurrucada,
lloraré mucho como un niño, Dios de mi vida.
Y le agradeceré a Jesús que está a tu derecha,
que eres Tú; pues Tú dijiste: "Mi Padre y Yo somos
Uno”, ** según tu dilecto discípulo Juan.
"Todo es posible para el que cree”, dijo Cristo.
Le pediré al Padre en nombre de su Hijo me saque
de esta gehena de mentiras, imperio del Mal.
Este salmo de métrica alejandrina es para
tu gloria. ¿Recuerdas que tu Unigénito vivió
dos años en Egipto en tiempo de lactancia? Un
Ángel del Altísimo señaló el continente a
José de los Santos Agustín, Cirilo y Santa
Mónica, en sus sueños, y allí te llevó él con su
María Virgen a fin de salvarte de Herodes?
¡Gloria a la Santísima Trinidad en la tierra!
"Elí, Elí, ¿lama sabactani?”***, nunca diré,
porque siempre estuviste conmigo aquí a mi lado y
en todo instante asististe a tu Hijo en su calvario.
La Piscina de Síloe vio cómo lavaste
mis deshonras; y curaste mis pecados; gotas
de tu gracia echaste en mi alma que se perdió cuando
rechacé tu ayuda. Te daría agua de beber
del pozo de Jacob como la samaritana.
* Vocablo griego. Seol.
** Jn. 10, 30:
*** “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”
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