¡Abre más grandes tus purísimos ojos
Santa María Virgen, madre del Señor!,
a fin de que de ti nos llegue luz mansa,
bendita y amorosa; pues la necesitamos
mucho en este pecador mundo penoso.
Detén la inmoralidad y el ateísmo.
Gozosa mi alma, meditará gozosos
misterios envuelven aún tu nombre santo,
pletóricos de santidad y abnegación:
La visita del Ángel Gabriel, la llama
ardiente en tu corazón por aceptar a
Jesús y con Él ser madre de nosotros.
Perdona las últimas atrocidades
cometidas en favor de truncar una
existencia inocente a manos de ateos.
Llama a tu regazo de luz y de amor a
las almas de nuestros pobres difuntos que aún
no descansan, madre misericordiosa.
Santa madre de Dios Hijo y Esposa Santa
del Altísimo, permíteme enviarte
una petición personal: ¡Suplícale
por mí al Unigénito de Dios que perdone
pecados de mis familiares difuntos!
¡Bendícenos y ayúdanos en la muerte!
El Espíritu Santo te visitó, tú
lo aceptaste, te adheriste a Él, en el alma y en
la fe y entonces el Altísimo te cubrió
con su sombra y fuiste la Reina del Cielo
y Patrona Santa de este bajo mundo.
Reina del universo, flor del Paraíso.
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