lunes, 19 de abril de 2021

Salmo 7

                                                                                  A San José.

 

¡Qué placer bello y sano el espíritu
siente cuando cumple un deber que no sabe
dónde se originó y como perdida ave
sigue inconsciente acaso el feliz rumbo que el
Señor dijo, entre vientos y ráfagas…!
Moralidad a fe mía que se llama
el estado en que el espíritu se deja
¡oh!, abatir por ella y grácil la goza.
Fue efímero; pero se puede repetir.
Ayúdame y siempre contigo yo estaré.
¡Jesús, esos momentos son gracias a Ti!


¡Prestadme Orfeo tu lira; y tú Apolo
prestadme un poco el ideal de belleza!
¿Ignoran que en estas peticiones buenos
propósitos hay que no puedo desoir?
¡Oh, bellezas formales e irresistibles
habitaban el vergel celestial de luz…!
Allí mi alma encontró gozo y el placer del bien.
Ellas eran el premio por seguir a Dios.
El alma busca la forma por su beldad;
y porque en su centro se encuentra la Verdad.
Comprendo estas cosas cuando sigo al Señor.


Reflexiono mirando el cielo calmo…
A aceptar mi alma se dispone los dardos
que se arrojan contra el paupérrimo estilo.
No tengo tiempo, las debo veloz captar
cual si yo fuese un pintor impresionista.
Ellas como flores en cascadas brotan
y cubren Moralidad y la perfilan;
fluyen llenas de luz y de fresca aroma.
Abren el puente con el Espíritu Santo;
el alma siente reposo y mejoría.
Es que recibió un don más gracias al Señor.

Los astros majestuosos miro y pienso en
Cristo. Cierro los ojos y su imagen en
mi mente recreo por la imaginación.
Después surgen pensamientos harto crudos
que ponen de rodillas al espíritu
como la pregunta por el no ser atroz.
Ellos hacen que el alma se repliegue en sí;
son pensamientos de un alma que ya no está
dormida en la turbia inmadurez primera
que sucede a la reencarnación, pienso.
Mi ascesis y adelanto son tuyos, Jesús.






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