¡Qué pequeña es la boca del triste hombre
para pronunciar tu Santo eterno Nombre
que es inconmensurable, para nosotros!
¡Y qué poca cosa es la ciencia terrenal de
tus hijos!, ¡Señor!, que no alcanza a comprender,
ni mucho menos a poder mensurarlo.
Mas Tú en cambio llamas a cada una de tus
criaturas por su nombre; y tienes contados
sus cabellos como los granos de arena.
Señor, no quiero ser original, quiero
ser verdadero; y por este motivo
anuncio que los versos que a continuación
vendrán son de un bello salmo y no son míos;
mas ellos expresan con exactitud la
solicitud que mi alma te quiere enviar.
¡Oh!, “dirige tú mis ojos para que no
vean cosas vanas” ª. ¡Oh!, “no apartes de mis
labios la palabra verdadera”.ªª “Señor,
de noche me acuerdo de tu Nombre”ªª santo.
El Señor me ha dado la posibilidad
de redimirme de mis malas antiguas
letras; y a fe que empecé ahora en esta
blanda, noche tranquila de una pintura…
En la que mi lira embelesada, alegre
desgaja para Él, sones de hermosura…
aspirando a alcanzar los “tipos fijos” de
la Bondad y de la Belleza, gracias a
las cuales el alma asciende hacia la Verdad,
y luego hacia Dios, como escribe Marechal.
Belleza derramará mi pluma en una
hoja etérea de esta noche mística.
Y quizás yo la vuelva a leer sentado
muy próximo a las puertas del Paraíso.
No amargamente, sino riendo, diré:
¡Qué limitado es el lenguaje del hombre!
De noche, Señor, me acuerdo de Ti.
ª Salmo 119, v37.
ªª Salmo 119, v43
ªªª Salmo 119, v55
lunes, 19 de abril de 2021
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