Señor Jesús, si yo te viese caminar,
¡oh!, dejaría las cosas que estuviera
haciendo y rápidamente con el alma
henchida de asombro me acercaría a Ti,
para tocar tu manto y pedirte que me
arranques de ella la mayor cantidad de
pesos materiales y afectivos que Tú más
puedas, por favor, pues a este orbe ellos me atan.
¿Acaso podrá mi alma elevarse si estoy
atado a ellos y alcanzar la ansiada Gloria?
Aferrado a tu manto te pediría,
afligido y no sin vergüenza, perdonases
Tú, mis faltas, mis culpas y mis pecados
Que me impiden llegar al Reino del Padre.
Que ilumines con tu gracia mi espíritu a
fin de que él gobierne mi cuerpo y no al revés.
Quisiese ser un discípulo tuyo y estar
personalmente escuchando tus lecciones,
para aprender a mitigar las malditas
bajas pasiones y los peores viles
instintos del cuerpo que le quitan luz al
alma y la conducen a obscuras regiones
de las cuales le es harto difícil retornar.
Que calles mi boca cuando ella intente
decir mal vocablo y refrenes mis malos
pensamientos que surgen amenazantes
en la calígine de la noche mía,
en desmedro cruel de la salud de mi alma.
¡Señor!, tales cosas te pediría yo.
Que se resumen en una: ¡Salva mi alma!
Benditos por siempre sean los autores
de los salmos y ¡alabado sea Jesús!
Al Señor le agrada que uno los relea.
Acepta Señor otro salmo más a Ti.
Señor Jesús, si yo te viese caminar,
¡oh!, dejaría las cosas que estuviera
haciendo, e iría detrás de tu manto.
lunes, 19 de abril de 2021
Salmo 4
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