A mi Ángel de la guarda
¿Qué estáis esperando, hermanas criaturas de este
orbe, para pensar en Cristo y hacer el bien
y no el mal, de ahora en más y para siempre?
¿Hasta cuándo seguiréis pecando contra el
Espíritu Santo faltando a la verdad
cuando en lugar de impartir justicia impartes
iniquidad, y en vez de política haces
demagogia que pacta con el demonio
del dinero mundial que pierde las almas?
Piensa más en Cristo y la dicha llegará.
¿Ignoráis que los desastres naturales
y la pandemia, actual flagelo que no
acaba, son la expresión de los Celestes
Siervos de Amor que manifiestan su enojo?
Deja de arruinar el mundo para extraer
y explotar con ambición sus tesoros que
no son eternos; explota la potencia
más bien de tu espíritu y elévala hacia Dios,
mediante el pensamiento en su único Hijo.
¡A Ti debemos orar para salvarnos!
¿Creéis que a Jesucristo agrada que os matéis
los unos a los otros? Ama al prójimo
como a ti mismo está escrito que el Maestro
dijo en su infinita sapiencia. Entonces,
¿ por qué hacéis lo contrario? Si conocéis la
verdad y obráis el mal ofendeís a Cristo;
pues Él es la Verdad, y no quiere el mal,
ni el odio ni la venganza ni las guerras.
Si no obras el bien en virtud de la verdad
le estás dando la espalda a Jesucristo.
No mates animales por diversión, por
placer u odio; pues son creaturas como
tú y yo, hechas por Dios; y Él sólo sabe con
qué fin las puso en el mundo según su plan
majestuoso que ningún Serafín podrá
conocer, pues cada cosa de Él y en Él es
infinita, luego, imposible de saber.
No pierdas el mayor tesoro que es tu alma.
¡Gracias a ti Señor por estas palabras!
¡Oh, Tú me las inspiras. Humilde aquí estoy!
Nómbralo más seguido y notarás que no
hace falta ser un sabio para saber
que en el maltrato no hay amor sino desprecio
y el olvido de que todas las cosas del
universo responden al Santo Verbo.
Que en tus labios y en tu boca esté con más
frecuencia su Nombre y todo el día dure.
No hay que ser un sabio, hay que ser “pobre de
espíritu” y acercarse como niño manso;
pero maduro por la razón y su Luz.
Mirad el cielo y atended las “cosas” que son
Celestes; y no te aferréis a las de la
tierra; pues estas cambian y fenecen en
menor temporalidad de la que a una gota
de rocío le lleva precipitarse
del pétalo al suelo y al fin desaparecer,
mas las primeras realmente importan
porque no cambian, porque son eternas,
son la verdad que el alma debe alcanzar si
quiere plena elevación y redimirse.
Él espera que conozcas las Celestes
“cosas” con el corazón puro para que
retornes a Él , limpio y arrepentido como
pródigo hijo, sano, que entra cantando en la
casa del Padre: ¡Alabado seas por
Ti mismo eternamente! y porque nos diste
la vida! Parezcámonos a Él, puesto que
Él nos hizo a su imagen y semejanza.
¡Oh, mundo, conviértete al amor de Cristo
antes de que pise este orbe una vez más!
Recuerda que será su segunda y última
venida; y que de tus libres acciones
depende que termine esta pandemia y no
venga otra y después otra por vuestra culpa.
¿Queréis ir al Cielo o al infierno? Entonces,
haz el bien, evita el mal, y haz caridad con
el espíritu oyendo al otro y siendo
paciente; pues no basta dar materia , hay
que ayudar con el corazón al prójimo
aunque cueste, así lo desea Cristo.
Pon setenta veces la otra mejilla; bien
sabes que es justo hacerlo si examinas tu
alma a fin de conocerla y conocerte;
y sabrás que el sopapo en la mejilla, no
proviene de Dios que no castiga, porque es
Amor y amoroso, sino que tú mismo
te abofeteas cada vez que te apartas
de la verdad, de la bondad y belleza
y caes en el error, en la ignorancia
que son el pecado que pierden el alma.
Reconcíliate con la humanidad, pues es
deseo (y bien para nosotros) de
Cristo nuestro único Señor; perdona a tu
prójimo cuantas veces sea menester.
Ama la verdad, respeta la justicia.
No sea que la última venida del Juez
Supremo, el Hijo de Dios, se produzca y
tu alma siga siendo mala, vengativa,
pecadora, inicua o atea y ruegues en
vano ascender al Cielo con Jesucristo.
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