A don Jordán Bruno Genta; y a don Mario Caponnetto.
“Pidan y se les dará” nos enseñaste,
Señor, en tus Santas Escrituras que
yo releo para acercarme más a Ti.
Y pido sabiduría para ya no pecar
de palabra ni de pensamiento; y así
poder llegar más rápidamente a la luz.
Mi corazón es bueno, perdona y si de
mi boca sale un vocablo que no puede
llegar a tus oídos por ser puros, es
porque mis ojos vieron una injusticia
impune a mi lado que hizo reaccionar
mi lengua; en breve tiempo mi corazón
olvida el golpe o la afrenta y todo vuelve
a ser calmo entonces, porque pienso en Cristo.
Él, me oye, todos los tormentos aplaca.
Cuando pienso en Ti, Señor, mi espíritu se
expande en busca de la verdad, capta más
luz; y con tu ayuda enfrenta y aniquila las
bajas pasiones que intentan adueñarse
del envoltorio del alma; mas ellas al
punto claudican ante la Luz Santa que
viene a mi cuando te invoco o pienso en Ti o te
nombro, Señor. Ella es mi escudo, mi roca
y es mi Salvación; responde a Ti, porque Tú
eres la Luz de la Verdad y del Amor.
¡Cantemos un himno con alegría y amor!
¡Elevémoslo al cielo en alabanza y en
honor a nuestro Señor Jesucristo!, que
en este mundo dejó su sangre en la cruz
para que nosotros fuéramos hijos de
Dios y para nuestra redención. Cantemos
todos: ¡ Aleluya Abba, somos tus hijos!,
y fuimos perdonados y bendecidos
por tu Unigénito que nos amó más que
ningún otro hombre en la tierra, y nos ama.
¡Alabado seas, Señor Jesucristo,
en el Cielo, en este orbe y en la Eternidad!
¡Oh, hoy un nuevo pan tuyo alimentó mi alma!
No hay comentarios:
Publicar un comentario