A los salmistas, a los santos, a los profetas, a los Ángeles, a San Agustín, a Dios.
¡Oh, en verdad son bellos los astros en sí
mismos!; y por la luz que proporcionan tan
tenue y mansa en el cielo, que quisiste que
fuese tranquilo, Señor!; y que gobiernas
sin que tu pulso tiemble y sin que vacilen
o cambien tus decisiones; puesto que estas
son propias del hombre finito y mudable;
mas no de Ti que eres Eternamente Tú
mismo e infinito. Viendo y admirando la
beldad de las estrellas, -y sabiendo que
existe tu Reino al que las almas probas
llegarán, habiéndose despojado de
la temporalidad y de la materia,
(que pecaron y que por ello expulsadas
fueron de la Eternidad) que impiden saber
directamente las cosas y establecer
conexión directa de espíritu al de Dios,-
mi espíritu no cesa de pensar cuántos
millones de veces más bello es el Cielo
que Tú creaste para gozar la Bondad
y la Belleza que eres Tú mismo, Señor.
Estrellas, luz y cielo, ¡alaben y den
gracias al Creador!, antes de acostarse y
al levantarse. Celebrad: ¡Bellos hemos
sido hechos por obra y gracia del que todo
lo ama!, y en agradecimiento elevemos
un cántico de alabanza. ¡Gracias Dios, por
la sabiduría que me estás dando!;
mi espíritu la verifica cuando mi
pluma escribe, y sé que es un don que reparte
El Espíritu Santo, para elevarnos
hacia la verdad que Él mismo nos comparte.
Estrellas, luz y cielo, ¡alaben y den
gracias al Creador!, antes de acostarse y
al levantarse. Demos gracias cantando
nosotros, que también somos criaturas.
Cantemos y celebremos la ayuda y la
luz del que nos amó antes de "ser tiempo"
para merecer el verdadero Cielo
que es el eterno descanso de estar en Dios.
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