Las fuerzas del Mal que pierden las almas
torcidas de este orbe y las alejan del
Omnipotente, no podrán tentarme
más allá del linde que Él les prefijó;
y las arduas pruebas no me apartarán
de Cristo, como tal vez lo hicieron en
pretéritas y lastimosas vidas,
cuando no hubo con Él buen vínculo antaño.
Del cielo los Ángeles y los Santos
han oído mis ansias de elevarme.
Hay en mi espíritu un incremento de luz
por su santa intersección; y es menester
para mi salud mi pluma lo escriba.
Mi gratitud hacia ellos será eterna.
Cristo me los envió porque quiere
resguardarme mientras yo camino hacia Él.
lunes, 19 de abril de 2021
Salmo 13
A Allan Kardec.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Salmo 56
¡Jesús, ay, soñé que estabas en mis brazos mortales, y tiernamente te mecía en silla como en un retiro, apartados! Me miraba, atenta, la V...
No hay comentarios:
Publicar un comentario