Agradezco el plato con sopa que brindas,
ay, Señor, todos los días en mi mesa;
y el café que tomo raudo en las mañanas.
En un material mundo son necesarios,
oh, para que el cuerpo energía no pierda,
y junto con el alma haga tu designio
que desde tu eternidad busca nuestro bien.
Ah, sé que estas cosas que te agradezco son
materiales que Tú no manejas; sino
que supervisas con tu Espíritu Santo.
Me arrodillo ante Ti y te agradezco, Señor,
ay, mi otro sustento que es la poesía
sin la cual mi alma estaría desmayada
por instantes en distracciones superfluas...
Te agradezco el agua que calma mi sed
y que despierta mi semblante dormido
cuando al cuerpo le cuesta aún, !oh despertar!
y quiere seguir aninado en la cama.
¡Te doy gracias, ay, Señor y Dios, por el pan
tuyo que presente siempre está en mi casa,
material y substancial, ¡ay, mi Dios bendito!