miércoles, 21 de julio de 2021

Salmo 37


Señor, he intentado llevar tu palabra

viviente a todo aquel que lleyó mis salmos.

Siento que mis alas son apedreadas

por aquellos que no perdonan, y con más

rencor arrojan saetas encendidas;

recuerdo tu sabiduría: el siervo no es

mejor que su amo. Y supongo que con esta

máxima debo vivir constantemente,

viendo cómo mi iluminado numen es

acotado por la materia manejan...



Se eclipsan las voces del estro que mira

con trascendencia y espiritualidad, cosas

del mundo inicuas que hacen daño, ¿quién si no

Tú puede cortar la suerte maldita que

nos mantiene dormidos en el pecado

feo de la ignorancia nos hizo perder?

Todo habrá sido en lontananza temporal,

ficción material, una carga que se va, y

extinta desaparece del ánima.

Quien guarde mi palabra no tendrá muerte. *



Si yo arrojo un somero intuito al día de hoy,

puedo confesarte con seguridad, mi

Jesús, hice bien las cosas, y sólo hubo

una en mi mente que aún me sigue e inquieta:

Poesía, derramar belleza, sones

armónicos, trinos etéreos para

tu gloria en esta estrofa pictórica.

¿Cuántas almas hay que no rompen el espejo

tras mirarse en él? Pues el mío está indemne.

Si no escribo más es por culpa del mundo.


* San Juan 8

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