Agradezco todas las cosas que el Padre
Celestial tan gratuitamente y con grandes
bondad y amor, siempre me dio y me sigue dando.
¡Dad gracias a Jesucristo nuestro Señor!
Oh, no servirá mucho dar gracias a Dios
(después de que muráis en tirano cuerpo).
Te agradezco la familia que me has dado
en este mundo material, pasajero.
En mi niñez recibí amor de mis padres
y de mis hermanos, gracias a la bondad
de tu amoroso Espíritu santísimo,
tan gratuita y santa. Jamás me faltó el pan
no padecí hambre, y tuve buena educación.
¡Dad gracias al santo Señor Jesucristo!,
pues sin Él no podremos ser redimidos
ni heredar la gloria eterna de Dios Padre,
ni de conocerlo según su voluntad.
¡Demos gloria a la Santísima Trinidad!
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