A vos, mi amor.
Ah, ¡volad con más frecuencia por los cielos!
de este mundo que es un gran atolladero;
¡volad hacia aquí y dejaos ver, por amor!,
espíritus angélicos, ay, del Señor.
De oriens a origo, vuestra luminosa faz
enseñaos en el septum, ay del cielo,
que espante las sombras traídas por el Mal.
¡Espíritus puros y santos queremos!
Su auxilio es necesario y nos hace falta.
¡Piedad, Señor!, autoriza su asistencia.
Ángeles santos, ¡llenad de luz la tierra
no debe sufrir más, alumbrad las almas…!